La respiración y el ejercicio físico


Nuestra vitalidad depende de muchas cosas que no controlamos, como el entorno social, el clima o nuestra herencia familiar. Pero hay una gran parte que sí depende de nosotros: cómo respiramos, cómo nos alimentamos, cómo nos relacionamos, cómo descansamos, y especialmente, de la cantidad y calidad de la actividad física que realicemos.

Hacer ejercicio nos conecta con nuestro cuerpo ayudando a centrar la mente generando un efecto «reset». Mover nuestro cuerpo es esencial para tener una buena calidad de vida, nuestros tejidos se mantendrán saludables, fuertes y flexibles, permitiremos que las tensiones acumuladas se liberen mejorando la gestión del estrés, la expresión corporal y alimentando nuestra autoestima.

La práctica de Tai Chi- Qi Qong incluye ejercicios físicos, respiratorios y de meditación. El ejercicio acompaña a la respiración y se realiza de forma sosegada y con la mente atenta.

Vivimos tan rápido y tan hiperestimulados, que a veces literalmente nos olvidamos de respirar. Y la respiración es imprescindible para estar conectados con nuestro entorno, con la vida, y para oxigenar adecuadamente la sangre que nutre nuestros tejidos y nuestro cerebro. Desde la perspectiva oriental, el aliento se relaciona directamente con el espíritu, es decir con nuestra capacidad y claridad mental. Si tu respiración está agitada, tu vida no te pertenece, dicen los cálsicos del Tai Chi.

Profundizando nuestra respiración aprendemos a mover el diafrágma, un músculo en forma de cúpula en el que reposan los pulmones y el corazón y que al contraerse baja mejorando la capacidad pulmonar, ejerciendo un suave masaje en los órganos internos y ayudando al corazón en su papel de bombear sangre. La respiración diafragmática es de sobra conocida como ayuda en la gestión de la ansiedad, incluso en crisis de pánico o agorafobia si la persona la ha practicado regularmente y aprende identificar los primeros síntomas.

En las clases de Tai Chi aprendemos de nuestra respiración, aprendemos a observarla. Este es el primer paso. Nuestra forma de respirar dice mucho de como nos tomamos la vida: ¿es lenta? ¿Tiene espacio? ¿Es desigual? ¿Se acelera? ¿Se bloquea? ¿Dónde se bloquea?

Con el acompañamiento adecuado y mediante la ayuda de ejrcicios físicos aprenderemos a no contenerla ni forzarla, a regularla y a profundizarla. Aquietar la mente, respirar y sentir los movimientos, estas son las bases de una buena práctica de Tai Chi. Siempre desde una actitud abierta y sin juicio, para disfrutar más, permitir más y censurarnos menos. De los beneficios en tanto ejercicio físico hablaremos próximamente.

Gisela Casado Martínez – Profesora de Tai Chi-Qi Qong en el IVANN. Diplomada en Medicina Tradicional China y Licenciada en Filosofía.