Y a mí, ¿quién me cuida?


El cuidado de un familiar que padece una enfermedad crónica de larga duración, y que por la naturaleza del diagnóstico o la evolución de dicha enfermedad deriva en una situación de dependencia o discapacidad (por ejemplo la enfermedad de Alzheimer, el Parkinson, o la esquizofrenia), puede llegar a ser una situación altamente estresante. Esto es así especialmente para el cuidador principal, que es la persona sobre la que recae la responsabilidad, elegida o impuesta, de proporcionar al familiar enfermo la atención y los cuidados diarios necesarios.

El amor hacia esa persona nos puede llevar a querer asumir la responsabilidad de cuidarle, de atender sus necesidades (de alimentación, de higiene, de medicación, de cariño…), de buscar su confort, de acompañarle… y esto habitualmente durante las 24 horas que tiene el día. En esta situación, se corre el riesgo de anteponer siempre las necesidades de la persona que está a nuestro cargo a las propias necesidades (afectivas, sociales, personales…), olvidándonos de nosotros mismos y aumentando la probabilidad de padecer la sintomatología del conocido “Burn-out o Síndrome de estar quemado”, con el consiguiente riesgo de pasar de ser el cuidador a ser el enfermo.

El “Síndrome de Burn-out” fue descrito por primera vez por el psicólogo Herbert J. Freudenberger en 1974 basándose en su propia experiencia: A partir de una situación de sobrecarga laboral, el trabajo pasó de producirle satisfacción a provocarle agotamiento y frustración. Este fenómeno también se observa con frecuencia en el cuidador principal de personas dependientes, denominándose comúnmente “Síndrome del cuidador”.

¿Qué síntomas caracterizan este cuadro clínico? Si bien se han llegado a describir más de 130 síntomas, los más frecuentes son los siguientes: pérdida de energía, agotamiento físico y mental, sensación de estar al límite, estado de ánimo depresivo, ansiedad, aislamiento social, problemas de sueño, irritabilidad, pérdida de concentración, nerviosismo, ira, culpa, problemas de memoria, dolores físicos, alteraciones digestivas, distanciamiento y frialdad emocional, rechazo de la persona cuidada y cinismo (Kraft, 2006).

¿Cómo se puede prevenir la aparición del “Síndrome del cuidador”? He aquí algunas claves:
1.- Dedicar cada mañana al menos 20 minutos a meditar. Silenciar la mente nos ayudará a sentir bienestar y a reponer energía para poder afrontar el día.
2.- Dedicar tiempo a practicar “5 hábitos positivos diarios”, es decir, ejercicios o actividades con las que disfrutemos y nos llenen de energía y vitalidad (cocinar, pintar, rezar, meditar, leer la prensa, pasear, escuchar música, hablar con un amigo o familiar…).
3.- Busca apoyos para que nos ayuden a sobrellevar la situación. Hablar con un familiar, amigo o vecino de nuestra confianza para que se haga cargo de la persona enferma durante un tiempo mientras nosotros dedicamos dicho tiempo a satisfacer nuestras propias necesidades (descansar, pasear, escuchar música, hacer ejercicio, darte un masaje, ir al cine, etc.).
4.- Evitar los sentimientos de culpabilidad por no estar 24 horas a su cargo. Necesitamos tiempo para dedicarnos a nosotros mismos y para reponer la energía invertida en el cuidado. De lo contrario, correremos el riesgo de desarrollar síntomas de estrés crónico, tales como ansiedad o depresión, impidiendo el adecuado cuidado.
5.- Practicar técnicas de relajación. Hacer ejercicios de relajación nos permitirá compensar los momentos de sobrecarga y tensión, recuperando el equilibrio y bienestar.
6.- Cuidar a diario las necesidades corporales de alimentación, descanso y ejercicio. Comer sano, descansar lo suficiente (entre 7 y 8 h) y hacer ejercicio físico moderado son antídotos naturales en contra de los efectos adversos del estrés.

Como cuidador de un familiar, ¿sufres algunos de estos síntomas de estrés propios del “síndrome del cuidador”? Si la respuesta es que sí te recomiendo que practiques estos ejercicios, pues te ayudarán a estar mejor. Y no dudes en buscar asesoramiento profesional que te ayude a afrontar esta situación. Como psicóloga será un placer acompañarte y ayudarte a encontrar soluciones alternativas, enseñándote técnicas y herramientas para manejar el estrés que te permitan recuperar tu fuerza, tu energía y vitalidad y, en definitiva, mejorar tu bienestar para poder seguir cuidando a ese ser tan especial para ti.

Recuerda… si eres cuidador y no te cuidas, probablemente enfermes y si enfermas no podrás cuidar bien a ese ser que te necesita… Si no estás lleno de energía, alegría y vitalidad, difícilmente podrás dar lo mejor de ti mismo a ese ser especial, pues hemos de estar llenos para poder dar a los demás.
¡La clave está en encontrar el equilibrio entre la tensión y la relajación!

Enlaces relacionados
– Freudenberger, H. (1980). The High Cost of High Achievement. Paperback – Bantam Books. ISBN 978-0-553-20048-5
– Kraft, U. (2006). Síndrome de agotamiento. Mente y cerebro, 19, 26-30

Dra. Segun Sánchez

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