Salud mental en la infancia: señales que los padres no deben ignorar
Los niños no siempre saben poner palabras a lo que les pasa. Y los padres, inmersos en el ritmo del día a día, a veces no saben muy bien si lo que ven en sus hijos es «cosa de la edad» o algo que merece atención. Un dato publicado esta misma semana lo hace urgente: detectar a tiempo los problemas de salud mental en la infancia es clave para evitar que se cronifiquen en la edad adulta.
Según el proyecto EMO-Child, uno de cada ocho menores en España presenta niveles elevados de ansiedad. Sin embargo, muchos de estos casos pasan desapercibidos durante meses o incluso años. ¿Por qué? Porque los síntomas en niños no siempre se parecen a los del adulto.
Los niños no siempre dicen «estoy mal»
Un adulto con ansiedad siente un nudo en el pecho, dificultad para respirar o pensamientos en bucle. Un niño de seis años, en cambio, puede tener rabietas frecuentes, dolores de barriga inexplicables o negarse a ir al colegio. Un adolescente puede volverse hermético, perder interés en lo que antes le apasionaba o irritarse con facilidad.
Esta diferencia hace que sea fácil confundir los síntomas con «mal comportamiento», falta de esfuerzo o simplemente una fase pasajera.
Señales que merecen atención
No todas indican un trastorno, pero sí son una invitación a observar con más cuidado y, si persisten más de dos o tres semanas, a consultar con un profesional:
En niños en edad escolar (6-12 años):
- Quejas físicas frecuentes sin causa médica (dolores de cabeza, náuseas, dolor abdominal).
- Miedo intenso a separarse de los padres.
- Cambios bruscos en el rendimiento escolar.
- Pesadillas frecuentes o miedo a dormir solos.
- Irritabilidad o llanto sin motivo aparente.
- Aislamiento de amigos o compañeros.
En adolescentes (12-18 años):
- Retraimiento social y pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
- Cambios en el sueño o el apetito.
- Bajo rendimiento académico sin explicación aparente.
- Sensación de tristeza, vacío o desesperanza que dura más de dos semanas.
- Conductas de riesgo o irritabilidad extrema.
Si el niño está pasando por la vuelta al cole y notas estos signos, puede ser especialmente relevante: la readaptación al ritmo escolar puede disparar la ansiedad en algunos niños.
¿Cuándo es el momento de pedir ayuda?
La pregunta más frecuente de los padres es: «¿Cuándo debo preocuparme de verdad?» Una guía sencilla:
- Si los síntomas duran más de 2-3 semanas.
- Si interfieren en el día a día del niño: colegio, amigos, familia.
- Si el niño expresa malestar o parece incapaz de controlar sus emociones.
No hace falta esperar a que «sea grave». La intervención temprana es, precisamente, lo que marca la diferencia. Un profesional puede valorar si se trata de algo puntual que se resuelve con orientación a la familia, o si requiere un seguimiento más específico.
El papel de los padres: observar sin sobreproteger
Los niños necesitan saber que pueden contarles a sus padres cómo se sienten, sin que estos entren en pánico ni minimicen sus emociones. Escuchar sin juzgar, validar lo que el niño siente («entiendo que te sientes así») y mantener rutinas estables son tres de las herramientas más poderosas que tienen los padres.
Si detectas dificultades en el ámbito escolar —falta de atención, problemas de aprendizaje o conflictos con compañeros— también puede ser útil contar con apoyo pedagógico especializado. En clasesconalitupedagoga.es encontrarás recursos y orientación educativa para familias con niños que necesitan un acompañamiento extra.
La ansiedad en jóvenes va en aumento
No es un fenómeno nuevo, pero los datos de 2026 son claros: la tasa de trastornos de ansiedad ha crecido un 36,4% respecto a 2019. Si tu hijo ya es adolescente, puedes leer más sobre las señales de alerta específicas en jóvenes y cómo ayudarles a pedir ayuda.
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